-Obituario- “Recuerdos“
Solo con esta insignificante expresión quiero recordar a la prima Rita, que ayer nos dejo para siempre. Mientras vivió fue un dechado de virtudes, simpática, cariñosa con todos los que tuvimos la suerte de convivir con ella. Ayer partió para ese viaje del que nunca se retorna, una vez más la “-parca-“ con su cuerpo atravesó ese río que se nos antoja brumoso, misterioso y del cual no se alcanza a ver la otra “-orilla-“, dada esa dubitable existencia entre lo etéreo y lo racional.
Ayer un miembro más de familia de Juanito Molina y Dolores Moreno, industriales panaderos de una enorme prosapia, residentes en la calle Calatayud de Gáldar, no dijo adiós para siempre, la lógica tristeza que nos acongoja, normal en estos casos tiene para su familia, especialmente para su madre Alicia y sus hermanas Laly y Paqui una especial repercusión, la de perder a uno más de sus seres queridos, al igual que sucediera con su hermano Juan hace ya algunos años.
Rita Molina Guzmán, a pesar de su edad nunca dejo de ser una “-niña-“, –grande- si se quiere, pero niña al fin y al cabo. El amor que sentía por los suyos no tenía parangón, sus vecinos más cercanos la adoraban por esas virtudes que he citado, que la hacían especial en el trato diario. Ayer en el tanatorio de San Isidro fueron muchos los galdenses que se acercaron para darle su último adiós.
Como era –lógico-, además de sus hermanos, sus primos nos agolpamos también en torno a su féretro, para darle su último adiós, un “-adiós-“ que se nos antoja complicado por lo que significa, pero para nosotros sus familiares a los cuales nos deja un gran vacío con su partida, teníamos el ineludible deber despedirla con ese –adiós- incorpóreo, pero a la vez lleno de –cariño y afecto-.
Todas las mañanas pasaba por la puerta de la casa de mis suegros en la calle Princesa Guayarmina, como su bolsita de pan, que le llevaba a su abuela Maita Lola, como éramos conscientes de la hora aproximada que así lo hacía, la esperábamos para saludarla y darle los buenos días, algo que le satisfacía y agradecía con aquella sempiterna sonrisa que siempre mostraba en su –bello- e inmaculado rostro.
La escena se repite, una vez más las familias Molina-Moreno y Molina-Guzmán, vuelven a estar de luto, la marcha de Rita se nos hace difícil y complicado, pero si el Sumo Hacedor la reclama para que este a su lado, es muy posible que quiera –premiarla- por su exquisito comportamiento mientras habito junto a sus familias.
Ahora lo que se impone es la –resignación- por parte de todos, y que en nuestras oraciones diarias la recordemos por lo que fue, una joven que desbordaba cariño, y que mientras estábamos junto a ella su –nobleza- de corazón nos invadía a todos, haciéndonos infinitamente felices.
Para Laly, -su esposo Juan Carlos e hijos- Paqui, nuestro más afectuosos sentimientos de cariño en estos tristes momentos, y que sepan que todos echaremos en falta a Rita, esta prima a la que tanto quisimos dadas sus las grandes las virtudes que siempre acreditó.



























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