Con una dilatada experiencia de más de seis décadas y un amplio despligue de recursos humanos y materiales, Cruz Roja apuesta por la innovación tecnologica aplicada a la actividad de salvamento y socorrismo en playas, tanto a nivel preventivo como en el rescate de personas y embarcaciones, y a la vez mantiene su compromiso con las personas a través de la atención social y la perspectiva medioambiental.
En Gran Canaria, estaremos presente este verano en las playas de El Puertillo y Los Charcones en Arucas, y la playa de Sardina en Gáldar, además de otras playas del sur de la isla y otras zonas.
Sólo en la temporada pasada, realizaron más de 4.900 atenciones, fundamentalmente asistencias sanitarias (con más de 2.700 atenciones sanitarias y más de 270 rescates de personas y embarcaciones) y se van incrementando el número de asistencias sociales, como el servicio de Baño Adaptado para personas con discapacidad (1.090 atenciones) o la atención a personas extraviadas (70 atenciones), entre otras.
Para ello, Cruz Roja cuenta con un equipo compuesto por unas 80 personas contratadas y voluntarias, entre socorristas, médicos, enfermeros, conductores, trabajadores sociales, etc., y otros muchos voluntarios y voluntarias que potencian el servicio y realizan actividades complementarias que le dan un valor añadido a esta prestación; así como una gran cantidad de recursos materiales, como embarcaciones, motos acuáticas, puestos de socorro, sillas de vigilancia, quads, ambulancias, diverso material para el rescate (latas, tubos de rescate, aros salvavidas, bolsas de rescate, material de inmovilización acuática, tableros médulo-espinal), material de comunicaciones (emisoras portátiles), material de primeros auxilios, desfibriladores semiautomáticos, etc.
En cuanto a los perfiles de las personas atendidas, existen varios tipos. Por un lado, mayores de 65 años; niños y niñas debido a heridas, contusiones leves, golpes de calor o extravios en los arenales; personas con patologías previas o enfermedades crónicas que se ven incrementadas por factores como el efecto de las altas temperaturas o la deshidratación; también personas extranjeras que desconocen el idioma y las condiciones de la playa; y jóvenes que en algunos casos adoptan conductas inseguras o imprudentes, por omisión o desconocimiento, como el acceso por zonas no permitidas o peligrosas, por bañarse bajo el efecto del consumo de sustancias, así como a causa de las zambullidas o por alejarse demasiado de la costa.




























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