Una Rama de sentimientos para ofrendar al patrón San Pedro en El Valle de Agaete (fotos y vídeo)

Redacción Viernes, 28 de Junio de 2019 Tiempo de lectura:


“Fue duro el camino porque los años pesan”, decía Pedro Vega con la mirada emocionada, pero el esfuerzo mereció la pena, porque volver a subir a Tamadaba, en la oscuridad de la noche, con el corazón cantando, es una experiencia que hay que vivir en plenitud.


ramadelvalle2018

Y un año más, los romeros y romeras de El Valle de Agaete, subieron hasta Tamadaba para cumplir con su tradición festiva.

Muchos decían que la noche en el pinar fue literalmente fría porque bajó la temperatura, pero todos estaban radiantes, por volver a ofrendar a San Pedro, los frondosos y hermosos ramos de poleo, laurel, eucalipto y mimosa.

Vicki, Germán y José Manuel subieron bien entrada la madrugada, con el tiempo justo de elaborar los ramos y volver a bajar.

En la Era del Molino, Suso y Carlos esperaban a los romeros con el caldo casi recién hecho, para que recobraran fuerzas.

Y a las diez y media de la mañana sonó el volador y la Banda de Guayedra entonó la querida melodía con la que se inicia el baile de la Rama del Valle.

Y se bailó con el cuerpo agotado, con la mirada brillante de pura emoción, y con el corazón rebozando de alegría.

Horacio con 85 años y medio y Honorio con 83 años, bailaron de nuevo en honor al patrón portando sus hermosas ramas, para que los jóvenes aprendan y no olviden lo que es la tradición.

Se danzó bajó el sol que lució en su esplendor con la intención de que el tiempo pasara muy lento, ya que había que disfrutar de cada minuto, de cada segundo, pues toca otro año de espera.

Germán portaba emocionado su ramo con el que quiso pagar la promesa hecha al patrón San Pedro, ya que la pequeña recién llegada a la familia, está bien.

Y pura emoción era la que desprendía José Manuel, porque por fin este año, pudo hacer el camino en compañía de su hija, y los dos llegaron a la ermita para depositar a los pies del Santo, el ramo de la pequeña que por primera vez, pudo subir a Tamadaba. El otro ramo, el que José Manuel elaboró con el corazón, en recuerdo del querido amigo ausente, ese quedó en buenas manos, para que la memoria siempre recuerde.

Y así, la imagen de San Pedro se vio envuelta en las verdes ramas de Tamadaba, esas ramas llenas de naturaleza, de vida, y repletas de sentimiento.


Galería fotográfica de La Rama en este enlace


 


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