El viejo convento, ahora público, guarda los rezos y las oraciones de los monjes que fueron. El balcón de madera que rodea el patio, lugar de miradas y recogimiento, vive ahora una etapa tranquila: el suave ruido que genera la biblioteca está en consonancia con la tranquilidad de la mañana, impregnada de soledad y de tiempo ido. Y la calidez del lugar emborracha la mirada del aficionado fotógrafo y cree descubrir una historia escondida que aún no ha encontrado. Sin embargo, ya dispone de un espacio y de unos monjes franciscanos que un día…




























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