Crónica última del Uruguay

Javier Cabrera Jueves, 20 de Junio de 2019 Tiempo de lectura:


Itinerario de ida y vuelta: Montevideo-Colonia del Sacramento


3. Equipaje de mano. A. Betancor y J. Cabrera en la exposición

La noticia reciente del apagón general en Argentina y que también afectó a buena parte del Uruguay, me trajo de inmediato a la memoria mi última estancia, acompañado por el fotógrafo Alfredo Betancor, en el país sudamericano, tan cercano al sentimiento canario. Tras ocho años de ausencia regresaba a Montevideo, era la cuarta vez que visitaba el país y, tal y como en ocasiones anteriores, por motivos literarios o de carácter artístico. Esta vez, sin embargo, estuvieron unidas y conjuntas ambas razones. El motivo del viaje se debió a nuestra participación en el XXI Encuentro Internacional aBrace de Arte y Literatura que, capitaneado por el poeta y narrador, editor y agitador cultural Roberto Bianchi, se celebró, en la última semana de marzo, en varios espacios culturales y civiles de la ciudad, pero que tuvo su inauguración y centralidad en el Museo Pedagógico Central de Montevideo, en el ala de su Biblioteca, también Central.

4. Equipaje de mano. Visita exposición

ARTE CANARIO EN URUGUAY

Nuestra participación en el Evento abarcó ambas vertientes: en la parte plástica exhibimos la muestra de arte canario equipaje de mano (emigración y exilio). Seis artistas de la Escuela Luján Pérez, con: José Luis Vega; Manolo Ruiz; Paco Cruz; Juan Guerra; Valme García y Berbel, amén de la aportación fotográfica de Alfredo Betancor contextualizando visualmente la intención de la propuesta –instalada en una de las Salas de la Biblioteca acondicionada a tal fin para el Evento–. Eran estos, todos, artistas con los que ya había trabajado previamente, bien curando sus muestras individuales o invitándolos a participar en exposiciones colectivas propuestas por mí. La muestra quería cumplir dos intenciones y satisfacer una tercera, a saber: la primera, y bajo un prisma monográfico, quería denunciar el estado de cosas actuales referidas a la emigración y exilio forzados que sufren muchos habitantes de países en guerra o deflagración, esa interminable e ingente riada de seres humanos arriesgando sus vidas lanzándose al mar –al Mediterráneo hago referencia– en barcazas que apenas flotan y, de paso, analizar el comportamiento de la Europa constituida y su lacerante manera en el trato a esas personas. La segunda, y bajo el prisma histórico, la muestra sería, asimismo, un homenaje a aquellos otros artistas de la Escuela Luján Pérez que por circunstancias personales o políticas habían decidido emigrar o tenido que exiliarse y acabaron, en una alta proporción, en tierras americanas, más concretamente en Venezuela, fueron estos los casos de los escultores Eduardo Gregorio y Juan Jaén, o los pintores Juan Ismael, el propio José Luis Vega y Antonio Padrón Diepa, todos ellos salidos de la Escuela Luján Pérez, amén de otros más vistos en iguales circunstancias, como los escultores Tony Gallardo y Francisco Borges Salas, o los pintores Pedro González y Mariano Duarte, entre otros. Y como tercera premisa quería satisfacer la celebración centenaria de la propia Escuela Luján Pérez (1918-2018), de la que, cumplidos cien años de existencia, era para maravillarse de logro tal, para una institución libre de enseñanza no reglada. Y las tres premisas quedaron satisfechas.

Por demás estará constatar el trato recibido, cuidado y exquisito, de todo el personal de la Biblioteca, en la primera persona de su directora Alicia Gómez La Cuesta, que puso a nuestra libre disposición el espacio de la Biblioteca para el montaje de la muestra. Sumado ello al reportaje dedicado a la exposición, entrevista incluida, realizado por la Televisión Pedagógica del Ministerio de Educación del Uruguay. Y no menor, la recepción tenida en la RNU, Radio Nacional del Uruguay, en su programa de cultura Departamento 20, conducido por el periodista cultural Alejandro Gabhard.

1. Montevideo. Palacio Salvo. Plaza de la IndependenciaNUEVA REALIDAD DE MONTEVIDEO

Sin embargo, yo, que había llegado al país y a la ciudad con una rémora de memoria idealizada, tuve que ver cómo acabó por derrumbarse ante la visión actual que mostraba Montevideo, su capital: en nada se parece ya la urbe con aquella otra dejada ocho años atrás; ésta de ahora la observé más sucia, buena parte de sus aceras levantadas por el espeso grosor logrado por los árboles plantados inadecuadamente tiempo atrás, y con algunos de sus espacios urbanos más emblemáticos totalmente descuidados: el afamado Palacio Salvo, edificio emblema de la ciudad, se desmorona sobre los transeúntes, y una altísima porción de edificios de corte ecléctico y sobre todo decó –estilo por el que la urbe fuera reconocida en su modernidad a inicios del siglo XX– se ven tapiados, cerrados, pintarrajeados y feos. Fuera de uso buena parte de ellos y sin apariencia de que vayan a ser restaurados a corto plazo. Otro de sus edificios insignia, el otrora célebre Mercado de la Abundancia, mercado de abastos en el orden de la arquitectura industrial del hierro, foco irradiador de mil actividades y de una vida civil moderna y febril, aparece lánguido y empobrecido, prácticamente abandonado y a punto de desmoronarse.

Y su nervadura central, el cogollo de la vida social y urbana, la en otro tiempo carismática Avenida 18 de Julio, se resuelve hoy intransitable y ruidosa, inapropiada para querer ser aún el Centro neurálgico de la ciudad. Transitada en exceso y ahogada en el humo de las guaguas y coches que la surcan a toda hora. Es evidente que, para aquel tan emblemático, en otro tiempo, centro de la ciudad, la batalla se da por perdida y, o actúan con prontitud en su recuperación o perderá definitivamente su encanto. Esta Montevideo se ve como vieja musa antaño hermosa ahora en horas bajas y algo decrépita. Y a esa decrepitud luminosa se suma –a la altura de la Plaza de los Héroes, en la explanada del Museo del Gaucho–, aún hoy y en las lánguidas tardes de domingos inacabables, la afluencia de parejas de su gente más longeva, que se convocan a bailar puro tango ‘enlatado’ como se bailó siempre y como, de siempre, se debió bailar. Un regocijo para el nostálgico.

6. ColoniaENCUENTRO EN COLONIA: CIUDAD PATRIMONIO

Cumplidos los días establecidos por la organización del Encuentro para la capital, el grupo de participantes nos trasladamos a la ciudad de Colonia del Sacramento que, estando lejos de ser una de las ciudades más pobladas del país, apenas 26.000 habitantes, tiene sin embargo el honor de ostentar el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad, gracias a la fundación portuguesa de su casco histórico, allá por 1680. Es la típica y ordenada ciudad damero americana, de corte colonial con una gracia blanca y luminosa reposada al fondo del estuario. En el casco viejo, en su Centro Cultural del Bastión del Carmen, se celebró la segunda parte del Encuentro que, para nuestro caso, mío y de Alfredo Betancor, fue mixto: literario y visual. Presentamos allí nuestro segundo proyecto, Europa en invierno: poemas de mi autoría y proyección de fotos de Betancor. Idea que persiste en la misma temática –si bien ésta más conceptual– ya trazada en el proyecto plástico: la condición de incesante y doloroso exilio de esa inmensa cantidad de gente que huye de las tan miserables guerras enconadas y soterradas en torno al mar Mediterráneo, ya en la África norteña –Libia y Sudán– o en el Oriente cercano –Gaza y Siria. Deberemos confirmar que acabamos más que satisfechos de su acogida y asentimiento. Y, además, esta vez y por mor de la gracia que respira la encantadora ciudad, la estancia fue grata y lisonjera.

En un amén vengo a comentar el divertimento a que nos sometió la organización del Evento, ya relajada, en una asonada final: Glorioso y refrescante cierre para un Encuentro más humano que literario o plástico. Añoso, sí, constatada la edad de buena parte de los convocados. Por ello, a nadie extrañó que se acabara entonando al memorable Alfredo Zitarrosa en su entrañable ‘Milonga triste’ o la inevitable ‘Stefanie’, en la incombustible voz de Adelaida Fontanini y su inseparable guitarra, o llorando a coro la indispensable ‘Canción con todos’ de Tejada Gómez y César Isella, hasta sentir toda la piel de América en nuestras pieles. A la mañana siguiente, la larga vuelta a la capital, Montevideo, se hizo en autobús, salvando en él la totalidad de sus casi 200 km. de distancia.

7. Candombe. Pasacalles Danzarines 1

…Y NOS SALVÓ EL CANDOMBE

Pero el regreso a la capital, ya en fin de semana, nos depararía en nuestra última tarde de estancia en el país, un incomparable acontecimiento que se cumple a rajatabla y con asiduidad dominical como una tradición, rito ya, al que es fácil ponerle cita. Basta con tomar alguna de las calles que bajan perpendiculares al mar, por la Rambla República de Argentina, y allí nos encontramos, a las cinco en punto de la tarde –en vertiente más alegre que la cita a García Lorca–, con la comitiva colorista y danzante, musical y bullanguera de la manifestación más genuina de la orgullosa negritud que también habita y florece en aquel país: el Candombe –asimismo declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad–: África dando olor al ambiente, aflorando el negro a la piel; lejos de simular lo caribeño y sin su necesidad, con entidad propia y sin deber un ápice al ‘bongoneo’ carioca. Los percusionistas convocan a un pasacalles generoso y fértil que por el camino va sumando a cuantos quieran unirse a la cabalgata: ya negros, mulatos o blancos, ya capitalinos, “canarios” –así llaman los montevideanos a la gente del campo– o foráneos, lo mismo da, todos quedan invitados a la contagiosa y mágica fiesta que te zafa los pies del asfalto, te entrega las caderas a la danza y te lleva en volandas por las calles arrabales de la ciudad. La vida que sale al encuentro y nos devuelve crecida la vida. Para Alfredo Betancor, verse reflejado en su euforia más vital y no poder parar de disparar la cámara. Así fue el glorioso final del reencuentro con una ciudad ayer olorosa y fértil hoy vencida o girada, tal vez, en su epicentro (Horacio D’Angelo, dixit). Con todo, un paisito hermoso para vivir esa Banda Oriental y sentirse igualmente tal que en casa.


Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.138

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.