Ahora que comienza una nueva andadura en la gobernabilidad de Arucas, sería muy conveniente que el nuevo equipo de gobierno volviera a los orígenes de la ciudad.
Una vez que ha pasado la moda de los colores en las fachadas del casco histórico, tal vez sea el momento de recuperar la verdadera identidad de la ciudad que unos gobernantes sin arraigo borraron de un día para otro.
Es el momento de recuperar el color blanco.
No solo porque aumenta la luminosidad, sino porque, además, la piedra de cantería azul volvería a destacar como un elemento arquitectónico que siempre nos ha definido. Al mismo tiempo, serviría para homenajear a los labrantes que con su callada labor han contribuido a embellecer la ciudad. Y para empezar, el edificio del Ayuntamiento. Como fue el primero que cambió de color porque alguien se empeñó en ello, sería conveniente darle la vuelta a la tortilla por el mismo sitio.
Vamos, digo yo. Veremos.































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