Al crecer vamos dejando atrás la ingenuidad y la inocencia. Los viejos cuentos que han aparecido en mi casa como si de un milagro se tratara, han servido para darme una vuelta por la infancia perdida. Y ella me ha devuelto la mirada que tuve, los miedos recurrentes de las pesadillas nocturnas y las hazañas de los juegos en campos de tierra, donde las piedras servían, en numerosas ocasiones, de castillos inexpugnables o de veredas por las que cabalgábamos en cañas de barranco. Y siempre la imaginación se desbordaba en la vida de entonces y en su pobreza, de la que ni siquiera éramos conscientes. Hoy, en cambio, sometidos a la dictadura tecnológica, no solo tenemos miedo al aburrimiento sino que además ya nadie recuerda que a partir de él la imaginación y los juegos fructifican. Deben ser los tiempos de ahora.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27