Un ejemplo claro de cómo se ha destruido nuestro Patrimonio Arquitectónico lo tenemos en la estampa triste que ofrece el viejo Mercado Municipal, que desde hace diecinueve años dormita en un sueño de no menos de cincuenta. Su deterioro avanza en sentido proporcional a medida que la humedad se cuela por las rendijas y llega hasta la piedra azul, ennegreciéndola y ocultando su verdadera belleza.
El Mercado Municipal, y la Plaza toda, no solo deben abrirse y expandirse sino que los políticos actuales tiene el deber de encontrar una solución, una salida al problema enquistado. El olvido intencionado de los últimos años ha sido tan fuerte que ha acabado con toda esperanza. Y así llevamos ya dos décadas, que se dice pronto. Y la renovación de la Plaza es una opción clara de futuro y de negocio. Y de prosperidad. Sólo hay que prolongar la mirada y ensanchar la vista.
Es una desgracia triste que el Mercado Municipal y la Plaza vivan estos tiempos tan raros. ¡Y todavía han de pasar otros treinta años!
O sea, que en el 2050 igual el ascensor de la Plaza ya funciona.
Al tiempo.





























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