La escultura de Alfredo Kraus en Las Canteras, donde el Auditorio, siempre está viva.
La fuerza de Kraus en los escenarios en los que cantó aún se puede oír. Si usted, estimado lector, es capaz de abstraerse mínimamente lo podrá escuchar. Y no le resultará muy difícil. Su rostro, sus manos, su disposición toda, lo llevarán en volandas por el mundo de las notas musicales y no solo logrará elevarse del suelo, sino que por unos instantes sentirá la cercanía de su potente voz. Claro que su escultor, Víctor Ochoa Sierra, tiene una mirada especial. Y tengo para mí que ha sabido captar un instante de sentimiento y emoción que parece que estuviésemos sentados disfrutando de una de sus actuaciones. No es una escultura al uso. Para nada. El artista ha sabido transmitir su mirada más personal y la ha plasmado en Alfredo Kraus, eterno referente musical de Canarias. Y constituye todo un lujo para la ciudad. Así que, inteligente lector, cuando se dé una vuelta por el lugar, salude a los artistas: al extraordinario tenor y al escultor. Ambos se lo merecen.
Es lo que tienen las personas que han venido a este mundo a alegrarnos la existencia.





























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