Tienen las azoteas el encanto de la omnisciencia, donde nos convertimos en narradores privilegiados de lo que vemos. Y desde allí sentimos el poder más cerca. Es lo que tiene también la imaginación. Las alturas disfrutan la magia casi permanentemente. Y nos creemos dioses esporádicos. Mientras miramos, y escudriñamos, los ojos divisan las vidas que imaginamos y en los gestos de los otros interpretamos actitudes y comportamientos novelescos. Las personas, convertidas en personajes, caminan por el sendero de las palabras. A veces, dichos senderos son estrechas veredas donde las voces se resisten a vivir en el papel. No hay nada peor que el folio en blanco. Bueno, yo lo que quería decir es que las azoteas son un punto de vista. Lo demás lo ponen ustedes, inteligentes y pacientes lectores.



























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