Trabas para todo
Las trabas siempre fueron para tender la ropa.
Las había, antes, exclusivamente de madera, pero con la llegada del plástico hace muchos años que nos invaden de todos los colores. Y las trabas, ellas solitas, han bajado de la azotea y se han instalado en la despensa. Ahora sirven para casi todo: dejar bien cerrado el pan de molde, el paquete del arroz integral, el de los manises y el de las nueces y el pan bizcochado… Y algunas han evolucionado tanto que se encuentran en el congelador, cerrando paquetes de jamón, croquetas o papas fritas…
De lo que se infiere que todo cambia. Y los objetos inertes también tienen vida y se han ido democratizando. Por eso decimos que hay “trabas para todo”. Y no es que el título sea ambiguo, que lo es, sino que cada uno está en las condiciones precisas para interpretar, por ejemplo, que “los políticos son de plástico y sus palabras andan tan congeladas que las trabas verbales emanadas de sus boquitas fresonas se han asimilado con el entorno”.
Sí, sí: las trabas casi son personajes novelescos o actrices que pululan, a su manera, en el teatro de la vida.
Eso es: Teatro y Trabas; las dos comienzan con una consonante que pisa tan fuerte como un marTillo.




























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