“Desde la ventana disfrutaba de la pequeña plaza. Y desde allí, tarde tras tarde, veía jugar a mis amigos de entonces. Yo, desde la ventana grande, sentía deseos enormes de salir de aquellas cuatro paredes, pero don Anastasio, el médico de la familia, me lo prohibía. Es verdad que siempre me daba ánimos, pero siempre tenía que quedarme en casa. Fui un muchacho debilucho y estaba obligado a descansar por las tardes: ni podía correr, ni alterarme, ni jugar en la plaza con mis amigos. Entonces, en el cuaderno recién comprado, inventé los relatos jamás contados, donde las peripecias de mis héroes infantiles no paraban de moverse, de subir y bajar, de saltar y de tropezar. Todo lo que me era prohibido adquiría vida libre en aquellas historias que desaparecieron con el fuego.”





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27