La Historia de las ciudades se conforma de muchas maneras.
Y una de ellas es la de reconocer a sus paisanos, sobre todo, a los artistas, pues han venido a este mundo a dejar huella indeleble. Lo que, en realidad, quiero decir es que “sus huellas” son distintas a las de los demás. Por esa visión tan personal de los creadores, las calles, en determinados momentos, se cubren de homenajes permanentes que con el paso del tiempo caen en el olvido. Por ejemplo, Manolo Ramos, escultor excepcional, con una mirada y una huella únicas, sigue presente en la ciudad aruquense. Así, en la calle La Heredad nº2, hace ya 19 años se colocó una inscripción en piedra que recuerda que allí nació.
Son las calles de Arucas agradables para pasear y descubrir su devenir histórico, pero los tiempos actuales nos tienen atrapados en las pantallas digitales. Y, así, el paso del tiempo va desmejorando lo que un día fue todo un homenaje a uno de sus hijos. Estas personas un día fueron nuestros paisanos y contribuyeron, como cada uno de nosotros, a engrandecer el municipio. Y Manolo Ramos, además, cuenta con una plazoleta que lleva su nombre y una escultura en el mismo lugar, medio escondida, que responde al sugerente título de “Capricho”; sin olvidar el Cristo yacente, en la “Catedral”, ni el espacio dedicado en el Museo Municipal.
En definitiva, otro artista que va conformando una página más en la Historia de Arucas.





























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