La calle, con los años, aparenta más grande. Antes, primero con los carros de animales y, después, con los coches, animales mecánicos, no solo la escondían sino que la dejaban reducida a la mínima expresión. Hasta que se regresó al principio: la calle, bien común, para sus habitantes. Y desde que fue peatonalizada se ha convertido en punto de encuentro y, sobre todo, se mira y admira el entorno, como si fuese la primera vez. El mismo entorno que los coches invasores no dejaban ver ni apreciar. Por eso está bien la peatonalización. Y tengo para mí que en los tiempos futuros, cuando las fiestas, se cerrarán cada vez más calles para el disfrute de los vecinos y visitantes. Y volveremos a encontrarnos con la tranquilidad.






























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