Nuevo libro de José Miguel Perera (fotos)

Juan FERRERA GIL Domingo, 18 de Noviembre de 2018 Tiempo de lectura:


En la tarde del viernes, 16 de noviembre, y en el Palacete Rodríguez Quegles de la capital grancanaria, se presentó el nuevo libro de José Miguel Perera “La boca de las alucinaciones” (Editorial El sastre de Apollinaire, Madrid, 2018).


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El acto contó con las intervenciones, además del autor, de Daniel Barreto González (Doctor en Filosofía y Traductor) y Antonio Martín Medina (Poeta), “con los que tengo una relación cercana y fructífera desde los tiempos de la Universidad”, señaló el escritor.

“Este libro, de prosa poética, fue escrito en 2008 cuando vivía en La Vistilla del Hoyo, en La Aldea. Es un sitio particular con condiciones particulares. Fue un tiempo muy fecundo, desde la reflexión y la escritura, donde una exalumna me prestaba sus oídos. En este ambiente nace el libro. Visto de fuera, cierta rareza es la que me lleva a escribir algo que se parece a la poesía. El tema del libro no lo sé. Todo esto se debe al motor generador de la escritura poética: la irracionalidad de lo que vivo y veo. Podríamos definir el libro como un canto al desconocimiento, a otro conocimiento. Parto a un fin que no conozco; voy palpando donde la racionalidad no llega y puede generar un arte con mayor valor, pero no digo que sea el mío. En él me enfrento a algunos miedos, obsesiones, matraquillas, es decir, a distintos aspectos de mi cotidianidad” dijo José Miguel Perera en su primera intervención.

Luego tomó la palabra Daniel Barreto para indicar que “leer este texto para mí ha sido una experiencia difícil, enigmática y atractiva. Y he de señalar tres notas de experiencia de lectura: la primera es que la escritura se resiste a entregar un sentido claro, pero ello no significa renunciar a buscarlo: el largo período de las oraciones, la ausencia de signos de puntuación, contribuyen a retrasar el descanso y ese sentido se descuadra. Al leerlo, segunda nota, lo contrastaba con otras poéticas (poesía de conocimiento) que intentan someter la realidad a un proceso de abstracción, a una imagen depurada del mundo. Es una mirada interior, una conexión de lo somático con la fuente de las palabras, la fuente del hablar. Y la tercera nota es la conexión que establezco con otros libros del autor, referida un rechazo a que la jerarquía tenga la última palabra”.

A continuación, Antonio Martín aportó que “lo primero que me llamó la atención es el título, que es como arrojar una piedra al agua y ver las ondas que se expanden. El libro es la visión de un espejo roto, fragmentado (los objetos están fuera de la realidad) donde hay una violencia que no se puede nombrar. Aborda una nueva narratividad y en él la subjetividad está rota, quebrada. Cómo nombrar al mundo rural es otro aspecto del libro que nos lleva a la violencia en las relaciones sociales.”

Volvió a tomar la palabra el autor: “yo siempre me he sentido algo cómodo definiendo mi escritura como rural, de campo. Y desde esa condición he encontrado herramientas poéticas. Y creo que la escritura debe servir para despertar a los distintos lectores. Hablo da darle la vuelta a este supuesto estigma para convertirlo en creación y recurro a ámbitos para nada estéticos. Es un libro que quiere ser incómodo y que no nos quedemos dormidos pues la existencia tiene una parte difícil de llevar. Hay una respiración de la escritura donde las oraciones se alargan y no hay manera de descansar. Lo mío no es una escritura automática y pretendo dejar sorprenderme a mí mismo, de ahí que se retrase el sentido.”

Antonio Martín intervino nuevamente para decir que “estos bloques de líneas parecen interminables, donde la materialidad poética es la respiración. Presenta un tipo de escritura corporal y se mueve entre la memoria y el olvido”.

Daniel Barreto habló de “lo rudo que es la violencia; lo bruto ha de expresarse de manera simbólica y causa extrañeza en el orden reconocido”.

Por último, José Miguel Perera dejó bien claro que “cuando hablo de violencia, también me refiero a una cuestión social y la culpa está presente en él y quiere limpiar la cara a la comodidad. Es un canto frente al silencio desgarrador y frustrante del que estamos llenos, sean personales o sociales; cortar las dictaduras que nos imponemos. Es un canto a los mudos, a los que no pueden hablar: ex --presarse: dejar de ser presos.”


Más fotografías de la presentación en este enlace


 


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