Oda al vino
Soy adepto del dios Baco.
Tengo al vino en un altar,
de donde suelo bajarlo
cuando lo quiero escanciar.
Deleite del paladar,
sus efluvios me relajan,
dibujando con dulzura
una sonrisa en mi cara.
Las lágrimas de las parras
me producen alegría.
El mundo es más poesía.
Reina en mi mente la calma.
El vino me hace cantar
con sentimiento, con alma.
Nunca lo puedo evitar
cuando suena una guitarra.
Un buen vino, una parranda,
una hoguera, un asadero,
guitarras rasgando el aire
y voces cantando al cielo.
Y suspiros en la noche,
la noche llena de besos
con sabor a moscatel.
Vino, besos y embeleso.
Mis reverencias a Baco.
Sean las uvas bien venidas.
Mil gracias le doy al vino
porque me alegra la vida.































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