“No me di cuenta del paso del tiempo hasta que el drago me devolvió su mirada y la desvencijada pared mostraba sus lentas grietas en la humedad del invierno. El farol, recién colocado, no decía nada, ni siquiera balbuceaba palabra alguna: todavía no había tenido tiempo de amigarse con la Naturaleza y con el Tiempo; apenas era consciente de su estado.
No me percaté de tu amor hasta que lo perdí, como se pierde en las cartas de la noche en que me desplumaron como a un bendito. Yo, que había sido todo un gallo de pelea, me estaba convirtiendo en sombra de mí mismo y no me daba cuenta. Solo las risas burlonas de los jugadores me devolvieron a la realidad. Y aquella mañana, allí, en plena calle y cuando apenas había despuntado el día, apagué mi vida en un reguero de sangre y silencio: la solitaria calle se convirtió en el cómplice perfecto. Para cuando quisieron ayudarme, apenas un hilo de vida latía en mi cuerpo, cada vez más alejado. Nunca me di cuenta del paso del tiempo...”






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.220