Escalones con historia
La Historia de las ciudades y de los pueblos también ha de contemplarse desde su fisonomía arquitectónica, pues de ella se deduce cómo se ha ido conformando el lugar a través del devenir histórico.
Sea arquitectura popular, o moderna, o de siglos atrás, merece un respeto y una consideración.
Lo digo porque los tiempos actuales, tan inmediatos y tan llenos de normas, parecen despreciar casi todo lo anterior y la única solución es acabar con “lo viejo”. Además, a eso se añade que determinados cargos públicos no solo carecen de formación específica sobre determinados asuntos sino que, en su ignorancia, son capaces de producir los resultados más nefastos. Por ejemplo, en Arucas lo hemos vivido hace unos años con los escalones de la iglesia, que desaparecieron como si de un milagro se tratara. Ahora le toca el turno, según rumores, al Parque de la Paz, donde unos escalones con historia dejan hueco a personas discapacitadas. Al lado mismo del parque, en la Plaza de Guillermo Sureda, otros escalones más modernos ofrecen una imagen lamentable y, hasta cierto punto, peligrosa.
El no poder distinguir dónde empieza uno y acaba el otro ha provocado numerosas caídas en el lugar, sobre todo, al subirlos. A pesar de que las autoridades colocaron una barandilla central, el peligro permanece. Esos son los escalones que deberían cambiar y adaptar para todo tipo de ciudadanos y no los que encierran la Historia arquitectónica de la ciudad. Si miran las imágenes lo podrán ver mejor.
No sé si me explico.


































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