La memoria

Opinion

leonilojulio2017Las reiteradas alusiones que algunas personas hacen a la memoria histórica, cuando se mofan de ella, solo puede poner en evidencia una escasez mental. Al acercamos a los acontecimientos de la posguerra del treinta y seis, acabamos encontrando cómo se produjeron impunes actuaciones. En todas ellas, el protagonismo lo tuvo el bando vencedor. Quienes se mantuvieron fieles al golpista. En cualquier caso, cuando ya pensaba haberlo escuchado todo –no por un afán de impertinencia–, acabo conociendo nuevas noticias. A partir de ahí, me encuentro con nuevas atrocidades. En resumen, la vileza humana carece de límites conocidos, al menos hasta el momento. Quienes, camisa azul con bordado rojo, caminaban prietas las filas, fueron dejando a su paso un injustificable reguero de acciones execrables.

Los años de la posguerra, los transcurridos entre el 1 de abril de 1939 y no sé bien hasta cuándo, se caracterizaron por un continuado alarde de mezquindad. Quienes, fruto del golpe de estado (en aquel caso sí), se mantuvieron en el bando de los vencedores, comenzaron a dar muestras de cómo la ruindad puede anidar en el corazón de las personas –de algunas, supongo que no en el de todas–, para ejecutar acciones ignominiosas. Bien que mostraron tal evidencia. No en vano, el número de represaliados tras el fin de la contienda, se ha elevado a cifras escalofriantes. No hubo motivación para tales actos, nunca lo hay para la vileza. Algunos pusieron en evidencia que, lo que prevalecía era la insensatez de quienes se sentían impunes frente a una justicia ausente. Al menos la legalmente establecida, hasta que un militar la truncó por la fuerza de las armas, en una acción más que deshonrosa.

Todo esto viene a cuento por la presentación de un libro, en Ciudad Real, que es el resultado de la dilatada investigación de un grupo de antropólogos e historiadores. El libro en cuestión lleva por título «Para hacerte saber mil cosas nuevas». En él, mediante técnicas antropológicas e historiográficas –según palabras de sus autores–, se pone nombre a más de cuatro mil personas de las represaliadas por el régimen surgido del golpe de estado. El número, según explicaciones de uno de sus autores, podría ser muy superior. Si bien figuran solo aquellos que con los datos recabados, fruto de los años de investigación, permiten sin ninguna duda admitir su muerte (asesinato) por causa de la represalia de los que dieron en llamarse «bando nacional». En otros casos, la existencia de dudas, obligó a dejarles fuera de tan nutrida nómina. Insisto en el número: cuatro mil represaliados.

A partir de los trabajos de campo, se pueden escuchar las voces de algunas de las personas protagonistas, directa o indirectamente, de tales acontecimientos. Con ello, es fácil descubrir –aunque ya hubiese sospecha de ello– cómo los motivos para las sacas y posterior asesinato, poco o nada tenían que ver con cuestiones ideológicas. Se llega a saber cómo son asesinadas dos chicas por no haber cedido el puesto en la cola del agua a una de las vencedoras. No solo ello, sino también cómo se dejaba en la pobreza a quienes no formaban parte de tal grupo. Quienes perdieron la guerra, no solo se vieron sometidos al escarnio del bando golpista, sino que en muchos casos fueron objeto de la rapiña, comprobando cómo eran despojados de sus pertenencias, que pasaban a las manos de los vencedores.

La historia es larga, lo conocido es escaso; sin embargo permite explicar situaciones posteriores. Sobre todo, ayuda a que entendamos por qué se resolvió la transición del modo en que se hizo. Con una ley de amnistía se puso sordina a todos los crímenes del régimen surgido del golpe de estado. Una ley, a priori pensada con otro objetivo, acabó haciendo que los abusos de las autoridades de la época, quedasen impunes. Seguramente, con el tiempo transcurrido, quienes se oponen a que aflore lo acontecido, no temen se otorgue el merecido reproche a quienes tuvieron responsabilidad en tales hechos. En absoluto, pues precisamente ese tiempo transcurrido dificulta tal, porque en la mayoría –por no referirme a la totalidad–, se habrá producido la correspondiente defunción. Quizá, solo es una suposición, se intenten ocultar el origen incierto de algunas fortunas, que han ido pasando de una mano a otra, fruto de aquella rapiña practicada como una acción más de la represalia infligida a quienes, en la mayoría de los casos, se limitaron a defender la legalidad. Sin olvidar a quienes, por motivos espurios, también fueron objeto de represalia aprovechando el río revuelto.

Son importantes, sin lugar a dudas, libros como el que se presentó en Ciudad Real, «Para hacerte saber mil cosas nuevas», que contribuyen a dar cumplida información desde el rigor académico, a una parte de la Historia sobre la que se ha querido echar tierra mezclada con cal viva, para acelerar su descomposición y con ello el desconocimiento.


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