Tienen las ciudades detalles que apenas percibimos. Solo, en nuestro caso, con la cámara fotográfica la mirada se agudiza y cae en la cuenta de presencias eternas que en nuestro devenir diario ni siquiera nos habíamos percatado. Por eso la imagen nos muestra un detalle que siempre ha estado ahí, pero que ahora se hace visible. El conjunto, en verdad, resulta agradable: piedra, verde y blanco, y gente que se adivina en la parte inferior, como para humanizar el instante. Y el motivo sobre el pedestal de piedra azul reafirma la personalidad del mismo. Ahí está. Ahí lleva muchas décadas. Pero, recién, hemos caído en él. Eso es: detalles.






























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