Ya sabemos que es predicar en el desierto en eso de que los mandamases galdenses pongan cartas en el asunto de las caquitas de perros que pululan en las aceras del casco. Volvemos a insistir en que con un poquito de esmero, se puede remediar el mal aspecto de algunos tramos de aceras muy transitadas a diario, caso de la acera del CEIP Antonio Padrón, que una vez más, está hecha un asquito. Un mal ejemplo para los escolares que son el futuro, y si se les acostumbra a imágenes tan penosas, pues acostumbrados que se quedan.





























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