Carmelo Acosta, profesor jubilado del IES Roque Amagro

Opinion

fernandotocino201801Tras recoger una bocanada de humo de su cigarro Marlboro, me miró a los ojos explicándome las diferencias entre los diferentes tipos de nubes que podíamos encontrar en los cielos durante esta estación del año. Su mirada azul de Husky Siberiano pero con ADN de bardino, profunda y nítida, te inyectaba el mapa de isobaras, los frentes fríos y la ciclo génesis hasta el fondo de la médula. Sus explicaciones eran tan convincentes que lo llamaba a las 3 de la mañana para saber si cogía el paraguas o me ponía el traje de papel albal para recoger todos los rayos y truenos que pronosticaba. ¡Oiga, fuerte tío sabedor, chacho, chacho, chacho!

A lo lejos lo reconocías, no tan sólo por el rastro de humo que arrastraba y que iba adherido a él desde hace ya la friolera de tal y cual que no pienso desvelar, sino por la A mayúscula que pululaba sobre su coronilla dejando claro que era el centro del Anticiclón, que no de atención. Sí, era el hombre del tiempo, el hombre del clima, el Paco Montesdeoca de las medianías. Recordé las viejas historias y leyendas de los antiguos del lugar que consideraban al hombre del tiempo como un gurú o un visionario al que todo el mundo respetaba y que su palabra era ley. Tan sólo le faltaba a Carmelo ser el lindero de Guía y Gáldar o incluso , me atrevería a decir, el juez de paz de la zona. Les aseguro que lo cumpliría también a la perfección.

carmeloacostaTodavía recuerdo cuando me explicaba el efecto foam de nuestras queridas islas de la Macaronesia, soltando lentamente una profunda calada de humo contra la pared que se misturaba con la temperatura fría procedente del aire acondicionado del aula. Te hacía percibir como entraba la bruma desde el norte hacia las medianías describiendo la espectacular foto de los alisios entrando por el valle de La Orotava dándose con los besos de frente contra la muralla del Teide. Sin embargo, nunca comentó nada sobre si le picaba el culo, a efectos de si llovería. El sabía que eso era una leyenda o , mejor dicho carecía de estudio científico, o era una guarrería.

Sin embargo, cuando Carmelo te soltaba las batallas sobre los plátanos, la cosa era de ronda de bufo. Sus explicaciones sobre los utensilios y sus motes, y las diferentes técnicas de explotación agraria que había puesto en práctica ya desde su juventud, te daban ganas de abandonar mi profesión de Presente Continuo e irme cual pirata en busca de aventuras a dejarme el lomo poniendo horcones en las plataneras de sus tierras. Reconozco que cuando hablaba de ello, sus cristalinos de color azul flojo brillaban y su mirada se perdía en la lejanía de la nostalgia dura pero dulce de su familia. Me gustaba imaginármelo con el cachorro , el cuchillo rabón cortando un trozo de queso envuelto en papel de cartucho , pizco de pan de puño y cacho plátano rumiando y mirando el esfuerzo realizado.

Pero cuando a Carmelo le daba por hablar de sus años de excavador y arqueología, eso era la madre de los chupachups Kojak, de fresa y con chicle. Su corazón se disparaba y sus explicaciones eran locuaces y clarificadoras. Se convertía en el Tadeo Jones de las medianías de Guía. Que si visigodos, que si Romanos, Fenicios, Tartesos. Te daba algunos detalles pero donde más se extendía eran en la chusas y moñigas de ron que se mandaba el hombre después de 12 horas al sol excavando en esos mundos de España. Sin embargo, cuando hablaba de sus momias guanches y sus cuevas con sus relicarios de cerámicas, guardaba un ritual de respeto y solemnidad rememorando el antiguo culto de respeto y gallardía de antaño, a modo de reverencia con su imaginario colectivo que lo vinculaba a esta tierra.

Sus expresiones a la hora de realizar sus explicaciones en petit comité eran dulces como el almíbar de las latas de melocotón o fruta variada en conserva, donde todo el mundo quería comerse solo la puta guinda que venía en la lata, dándole vida de nuevo a nuestro querido Pancho Guerra y que, más de un alumno/a le gustaría recibir a modo de master y doctorado sobre la variante del castellano en Canarias. Tenía “arranques de Sarrrcai, acondutando palabras y una chispitas de palique que te dejaba las tapas de los bizcochos calieeeentitas, tupiendote así el sentío y dejándote el “celebro” medio apollabobancao”.

Como todos sabemos, Carmelo no estaba exento de algunas manías. Le era imposible acometer cualquier tarea educativa sin tener su bolígrafo Parker en el bolsillo de su camisa a cuadros. Tal situación le inmovilizaba y lo dejaba estéril si no tenía el tacto dulce y amable de su bolígrafo en sus manos como tollos. De hecho, dejó de comprarse un chalet de lujo y un cochazo tan sólo por el hecho de no tener ese preciado boli con el que firmar las 1.500 letras a plazo fijo. El vendedor no salía de su asombro.

Carmelo siempre escuchaba un ruidito raro en su coche. Se pasaba el día preguntando a diestro y zurdo a cualquiera que le pudiera dar información sobre el mundo del motor. Los mecánicos de Guía y Gáldar e incluso algunos de La Aldea cerraban a cal y canto sus puertas tan sólo con escuchar el rugido del coche de Carmelo. Visto lo visto....todavía tiene ruido su coche.

Su fondo de armario era grande y extenso pero el prefería las camisas de cuello a cuadros. Cuadros que le retrotraían a su pasión por el arte y por la fotografía. Nunca te escondas de las lentes de Carmelo y su cámara de foto. Era la pesadilla de muchos y muchas en nuestras fiestas de Navidades y Fin de curso. Lo que empezaba siendo fotos amables y de buen ver, se convertían en rostros quebrados por el exceso de alcohol y alegría e incluso algunas irreverentes, como la que le hizo a mi culo en la playa de Agaete dándome un chapuzón por culpa de un licor de mora sin alcohol que me hizo daño...jejejejeje.

No había mejor sesión de evaluación en la que no estuviera Carmelo. Defensor a ultranza del piberío y sus necesidades. Hombre querido por el alumnado que lo escuchaban como yo lo he hecho estos últimos 8 años. Boquiabierto y con mi cascada de escupitina cayendo de mi boca a modo de las cataratas del Lago Victoria. Su continua protesta en la confección de horarios era evidente pero que asumía siempre desde la responsabilidad. Era el hombre con el horario en forma de U lunes petao, martes, miércoles, jueves clase hasta las 2 y viernes repleto. La mejor descripción y más gráfica que me han dado del sistema de horarios de la educación pública. ¡Al carajo el inspector!

Carmelo era profe de Humanidades, seguro que en sus innumerables reencarnaciones tuvo algo del paleolítico chocando dos piedras de sílex con el mero hecho de descubrir el fuego para encender un cigarro. Fue pintor rupestre en las cuevas de Altamira, pintando “Yo estuve aquí”. Fue romano pero no de los poderosos , si bien adoraba a Vacco, Dios del Vino. Se reencarnó en Boadil cuando entregó la ciudad de Granada a los Reyes Católicos. No quiso ser conquistador en las América por respeto a las culturas. A Cánovas y a Primo de Rivera se los pasó por el forro si bien se detenía con armoniosa lentitud en la segunda república y en el auge de los nacionalismos de finales del siglo XIX. Y seguro, seguro, seguro, nunca se reencarnó en nada que tuviera que ver con el año 1936 y el enano bigotuuu del Ferrol

Carmelo fue y es un compañero a secas. Un amigo cercano, humilde y sencillo que te hacía y hace sentir eso que llaman empatía. Ese compañero que siempre tuvo y tiene la sonrisa y la charla a flor de piel. Ese camarada de cigarros que con cenizas al viento resolvíamos lo inexplicable y lo tangible. Ese tío tímido y callado para sus cosas que sus ojos siempre delatan. Ese Mortadelo con sus gafas que nos acoge y ,nos abraza y embelesa con su mirada. Ese compañero y amigo que todos nos gustaría tener alguna vez en nuestra vida.

El año que viene volveré a sentarme en el muro de cemento a fumar mis cigarros. Mi primera bocanada será por vos y en mi primera bola de humo que salga de mis pulmones intentaré buscarte para que me vuelvas a explicar el efecto foam en las medianías de nuestras islas de la Macaronesia. Y mientras tanto, a esperar el día para jubilarme y echarnos una partidita de dominó con nuestros mecheros y cigarros a nuestra vera. Tú con tus ojos azul flojo, yo con mis ojos verde garrafón.

PD: Le dije a Carmelo que me enseñara a ser un hombre bueno. Sacó un cigarro y me miró con el azul de las profundidades. Con su gesto entendí rápidamente el mensaje. Saqué mi cigarro, le di fuego, él hizo lo propio conmigo. Fumamos en silencio hasta que me preguntó ¿Oye, tu coche tiene un ruido en las ruedas?


Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.138

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.