La pared de la casa, en el día recién estrenado, refleja en la efímera sombra la realidad del país: vivimos tiempos amarillos, desagradables: metidos en un bucle del que parece difícil salir. Y donde el pensamiento crítico y la libertad de expresión han vuelto a las catacumbas de San Cristóbal. Y allí, entre el sonido profundo de las mareas atlánticas y las combativas olas marinas, son acogidos por la Historia, que siempre protege. Vendrán otros tiempos.
Y la luz viene de la sombra en el farol reflejado. Y la cotidianidad se observa, muy ligeramente, en la ropa tendida sombreada; donde habitamos.































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