El boomerang de la indefinición

Opinion

juanantoniosanchez4189Se debilita el progresismo en muchos lugares del mundo, la globalización parece haberse tragado la aparición de alguna pequeña esperanza en un futuro más equitativo, menos dañino y con la integración de culturas, razas e ideologías de una forma equilibrada y por el contrario, en algunos lugares del Planeta con gobiernos democráticos ha pasado a convertirse en pura utopía.

La derecha viene de la mano del más abyecto clasismo del poder, ansiosa por atrapar en sus espinosas alambradas ideológicas todo aquél que les sea dañino a sus intereses y poco atractivo a su supervivencia. Se pone como excusa la inmigración para deteriorar la sociedad que se vea envuelta en la política migratoria, tapando debilidades provocadas por la ingesta de grandes dosis de conservadurismo.

Se rompe la equidad, se maltrata la libertad de pensamiento y se ignora la necesidad de una sociedad no acorde con la opulencia del sector conservador, forzada a servirse de sociedades menos afortunadas en sus rentas, sin las cuales, tarde o temprano, verán significativamente retrocedidos sus recursos dinerarios. Todo lo prudente y negociable lo deshace el extremismo, tanto el de la derecha como el de la izquierda, el centro político no existe prácticamente por ningún lugar del mundo y escasea la sensación extraordinaria de un equilibrio de fuerzas capaces de regenerar economías vapuleadas por los que mueven los hilos de un cada vez más parecido a un guiñol social de pantomima capitalista.

Ya no es tan descabellado el protagonismo del mayor imperialista del globo, el sistema americano, capaz de remover los cimientos de la economía mundial con un movimiento sutil en la débil rueca de las bolsas europeas; tampoco se ve ahora la capacidad nuclear del enemigo estadounidense, ahora amigos tras una falsa sonrisa de complicidad que les protege de fuerzas ajenas. Pero también la guerra se nos ha vuelto indispensable para mantener puestos de trabajo, sin ofender a nadie, precisa decirse que las bombas mantienen amplios sectores laborales y merman los recursos de las organizaciones no gubernamentales o las de auxilio y socorro a la población encargadas de dar atención al herido y entierro a los muertos.

Hemos llegado a lo incierto del ser humano sin ni siquiera darnos cuenta, al oscurantismo político de siempre, no de ahora, herramienta indispensable para manejar las economías tanto nacionales como internacionales, con contratos sangrientos dirigidos a colectivos sociales o población extraña, un ostracismo que a la larga las mareas se encargan de darles el protagonismo suficiente en el que se refleja la guerra, el sometimiento de las dictaduras y el miedo a perder la vida por una bomba fabricada en un país imperialista, vendida en uno democrático y enviada a una severa ideología dictatorial repleta de intereses opacos.

Será tal vez una cuestión de poca reserva reflexiva, demasiada inspiración onírica o impulsivos sentimientos; sea de cualquier forma, me indigna el vernos vapuleados sin educación alguna por quién fue uno de los presidentes del Gobierno español más bélicos de la democracia, muy dado al compadreo imperialista y enemigo de las causas nobles.

Un personaje siempre acompañado de altanería y soberbia, extrañamente dueño de dogmas personales repletos de una severa egolatría producto de sus ínfulas apasionadas en defensa de intereses propios. Es realmente desalentador que tan presunto presuntuoso sea merecedor de respeto, máxime cuando se siente dueño y señor de un micrófono desde el cual mandar al carajo a quién apetezca como respuesta a una pregunta, muy dado a insultar soezmente a todos los que desde la atalaya de su narcisismo ve como seres inferiores; y digo bien, desde el altozano de un escenario, desde el patio de butacas sería una pequeña sombra nada más de la que apenas notaríamos su imagen.

Atrincherado en una filosofía caduca, en un pensamiento obsoleto y unos argumentos sociológicamente insultantes, semejante individuo cree ser el salvador del mundo, un Mesías solapado con un mensaje en sus palabras, “el poder siempre será legítimamente manifestado por las clases adineradas, sin que los plebeyos que aparecen en escena para dar su voto de indignación merezcan respeto alguno”; frase de este autor, sin copia y pega, con la que quiero manifestar mi rechazo a un presunto coleccionista de atribuciones conservadoras falto de educación en sus afirmaciones. Un ex mandatario de un país democrático que es capaz de alentar ideologías reaccionarias no merece ser creído en unas declaraciones con las que pretende salvar el pellejo de su actividad difusa y sus entramados durante el periodo en el cual desempeñó la hegemonía representativa del Estado español.

Justicia, bonita palabra usada para referirnos a un escudo protector contra la debacle social causada por la mala praxis de unos representantes políticos descarados, otros cacos de guante blanco, algunos víctimas de la opulencia y más de algunos y algunas, producto de sus ansias por aparentar más que nadie. En definitiva, el desatino de la casta política conviene sea cercado cuanto antes para mantener a raya los que abusaron de sus cargos, para proteger la esperanza de que el país vuelva a ver renacer su economía maltrecha y asentar las bases de una reforma en la Constitución que no nos haga vulnerables aunque, dicho sea de paso, para afrontar esta última medida sería conveniente que las fuerzas representativas en el Parlamento supieran de una vez por todas manejarse en el don de la obligación para con la ciudadanía y no en intereses ajenos a ella y tan solo imputables al partidismo ideológico; lo del Senado de momento lo dejaremos, pero sin esperar demasiado, la Cámara Alta debe ser removida en sus cimientos porque se está quedando obsoleta en sus escaños y por sus altavoces se oyen cacofonías de fantasmas del pasado.


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