Cuatro ventanas en La Laguna
Las cuatro ventanas se hicieron visibles al contemplar la fotografía en el ordenador, mientras, con la página en blanco, buscaba ideas.
Cuando comprendí su significado, me percaté de la trayectoria vivida. Y volví a la imagen: la ventana del fondo hablaba de la inocencia y del principio: acaso la más efímera. La siguiente me dijo algo así como que la esperanza es lo último que se pierde; y me aferré a ella todo lo que pude y la pinté, entonces, de verde. La tercera me señaló lo inalcanzable: la felicidad que ansiamos por encima de todo y que nunca llega, aunque la tengamos a nuestro lado. Por último, la cuarta ventana me regaló sus palabras de olvido: del olvido que seremos.
Y, uniendo a todas ellas, el pasillo de madera convertido casi en un espejo. Si hubiese sido un pasillo largo y oscuro, haría referencia a la guerra. Pero no es el caso. Ese pasillo solitario deja paso a la escalera amplia y cómoda en la que, a veces, subimos y, en otras tantas ocasiones, bajamos. Así, arriba y abajo. Y, en medio, la vida que se nos escapa.
Siempre que el camino se ensancha, y de manera recurrente, tenemos la sensación de lo rápido que ha ido todo. Y, sin apenas ser conscientes, hemos tenido suerte, mucha suerte. Pero ahora mismo se me están cerrando los ojos y no puedo seguir...
Y, de fondo, “Las sentencias del tata viejo” regresaron para recordarme mi juventud lagunera en aquel piso de La Trinidad.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27