Hacer un máster

Opinion

leonilojulio2017Sin duda, quien esto escribe, no tiene edad para involucrarse en el estudio de un máster. O tal vez sí, pues nunca es tarde para el estudio. Ahora bien, de elegir alguna modalidad para continuar con ello, seguramente no será un máster. Dadas las circunstancias, parece que se estén volviendo una actividad de riesgo. Y, qué quieren, para eso sí que no estoy, con total certeza. Los deportes de riesgo nunca me han llamado la atención. Menos aún aquellos en los que quedas sometido al libre y duradero escarnio público. Con los másteres en particular, y los títulos universitarios en general, parece haberse abierto un nuevo campo de tiro, donde se dispara a todo lo que se mueva. Quizá, supongo, porque no tengan nada mejor que ofertar.

El problema, en mi opinión, no está exclusivamente en la cara dura de algunas personas, que también. Lo grave, por no utilizar una expresión más gruesa, es la situación en que están dejando a la Universidad Pública. Una vez más, no es exclusivo de este caso, una parte muy notable de la clase política de este país, agrede impunemente a la enseñanza pública. En este caso, a la universitaria, aunque la no universitaria también sea objeto de vilipendio. Siempre parece haber sido su afición, pues ávidos del dogma, han bebido del proporcionado por el neoliberalismo (moderna conmoción del capitalismo) y, aunque no tengan modo de demostrarlo, se empecinan en ir glorificando lo privado en detrimento de lo público. Eso sí, cuando se trata de sacar tajada, ahí está lo público para sablearlo. Y vivir de ello, si se tercia.

Leí, que todo esto no es sino el producto de una aceptación sin más del Plan Bolonia, tan tristemente famoso, que conduce a este tipo de situaciones. A saber, mientras hay personas que dedican esfuerzos económicos e intelectuales a su promoción en el conocimiento, otras se limitan a vivir de las dádivas y regalos de quienes, con escaso rigor y seriedad, no solo les regalan los títulos (de lo que sea) con fines espurios sino que, a la vez, echan una paletada de porquería al sistema público universitario. Con la llegada de Bolonia, también surge el máster pues la idea, no sé cuán errada, es acortar los estudios universitarios para obtener un grado y, a continuación, volver a ofertar una nueva titulación. Quien criticaba tal situación, hacía referencia a la discriminación que impone tal modelo. Antes de la imposición boloñesa (que bien está para una salsa), a los segundos ciclos se accedía merced a esfuerzo de quienes andaban incursos en tales estudios. Con el nuevo modelo, completar el itinerario no solo supone un esfuerzo intelectual sino también económico. Ahí radica el elemento discriminador.

Volvamos a lo acontecido con los másteres para las élites. No soy capaz de comprender, quizá por no haber cursado uno de esos másteres, el afán por poseerlos. Quizá, a la luz de lo que se va conociendo, el interés fuese recíproco. De un lado, el susodicho Instituto Universitario cuestionado; de otro, quienes accedieron a través del mismo a la obtención de dicha titulación, con evidentes ventajas frente al resto de quienes coincidieron con esta clase privilegiada en la misma convocatoria. De momento, van dos cabezas, por cada uno de los partidos que conformaban el bipartidismo por aquellas fechas y, si no hay quien lo pare (a ver qué sucede), una tercera cabeza anda expuesta a los dictámenes de la justicia, que aunque lenta, y salvo cuestiones poco claras, suele acabar dejando su impronta.


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