Las penurias del fútbol modesto
Para ver con la mejor precisión posible estas penurias, nos hemos centrado o mejor dicho hemos puesto nuestros ojos, nuestra ilusión y sobre todo, nuestra más sana curiosidad en el devenir de un club de la zona norte muy cercano a nosotros; un equipo al que militando en la Primera Regional de la Provincia de Las Palmas, hemos alentado y hasta compartido incluso algunos de sus problemas en sus momentos más críticos.
Aquí, en esta categoría de aficionados, se suele entrenar a partir de las nueve de la noche, cuando los jugadores han acabado sus respectivas jornadas laborales. Habrá quienes se han pasado el día trabajando o estudiando y luego han tenido los ánimos y arrestos suficientes como para vestirse de corto y dar cuatro patadas a un balón del que sabe que nunca jamás le llevará a ser alguien en el fútbol.
Pero, más allá de la parcela deportiva, la gestión de un modesto club en general conlleva no pocos problemas burocráticos e institucionales. Compaginar el trabajo desinteresado de un grupo heterogéneo de personas a las que, en muchos casos, únicamente les une su pasión por el fútbol, trae consigo disputas y enfrentamientos inevitables. Las personalidades chocan, y siempre, sin lugar a dudas, termina resintiéndose el más débil: la institución deportiva.
El ofrecer parte de tu tiempo libre (en ocasiones más del inicialmente previsto) para sacar adelante una empresa tan ingrata como es la de un club de fútbol amateur, todo ello de manera completamente altruista, es de recibo que nadie merece llevarse malos ratos. El anquilosamiento y el inmovilismo es un mal común a la mayoría de estos clubes deportivos, máxime cuando la idea de los dirigentes es la de la pusilanimidad, la del ‘vamos a ver qué pasa’... Día a día, sin duda alguna, se dejarían pasar oportunidades de crecer como institución; a veces por desconocimiento o falta de tiempo. Otras, las más, por simple y pura desidia.
Por otra parte, las posibilidades reales son las que son. Con la cuota social de los socios, la cuota de padres/madres, la colaboración de algunas empresas de la zona, las míseras ayudas de las instituciones públicas, los ingresos por actividades, rifas, taquillas, lotería, ingresos atípicos, etc., es complicadísimo que una masa social pueda permitirse el lujo de hacerse ilusiones de crecimiento; pero de todas maneras cualquier club se obliga a crecer, porque ninguno puede vivir la condena perpetua de deambular por categorías poco atractivas, a vivir en un bucle continuo, sin principio ni fin, sin objetivos ni metas y no les queda otra para poder subsistir que reestructurarse y reconvertirse para alimentar la ilusión de crecer, porque las metas de crecimiento, por ser tarea viable, están al alcance de todos.


























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