La ciudad quedó atrapada en la luz del tiempo sur.
Iba cubriendo poco a poco el silencio de las nubes raras la ciudad centenaria. Apenas quedaba el azul y el sol decía adiós hasta el día siguiente. Sin embargo, la luz que aún desprendía, como si fuera el último resplandor del viejo faro de La Isleta, invitaba a la mirada detenida: parecía anunciar la calma antes de la tormenta.
La ciudad, a punto de penetrar en la oscuridad de la noche, también dice adiós.
Y se ofrece al inteligente lector para que la acompañe.






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.220