La exhumación
El destino de los restos, de quien rigió los destinos de España durante casi cuarenta años, ha suscitado un nuevo motivo para la polémica. Lo que en principio solo generó la abstención de los populares, con el transcurso del tiempo, cuando ya parece ser una realidad suscita cambios en pasadas decisiones. Como sucede con cualquier otro asunto, también en este influye la política y sus réditos. De ahí que, como en el resto de las situaciones, se produzcan continuos titubeos. No quiero decir –que podría–, que se produzca una notable escasez de criterios. Claro, estos tendrían que ser una realidad palpable. Cualquier decisión no es fruto de la meditación, al contrario, sino el resultado del cálculo del rédito electoral: cuántos votos se podrían ganar o perder, y en qué circunstancias.
Entre otras cuestiones, el PP se opone a la exhumación a través de su disputa con el modelo de norma utilizada por el Gobierno. Exponen, seguramente no les habrá de faltar razón, que consideran un hecho recurrible la utilización del Decreto Legislativo como fórmula para llevar a cabo tal actuación. Abundan en ello, mostrando su disconformidad con la urgencia del procedimiento. Comentan, que tal fórmula legislativa debe ser utilizada, en exclusiva, para asuntos de urgencia. Si quienes se refieren a este asunto fuesen miembros de un partido recién llegado al ámbito la política, y no solo, sino que no hubiese ostentado antes funciones de gobierno, podría ser plausible tal argumentación. Sin embargo, resulta que quien así se expresa es el recientemente nominado por Pablo Casado como Secretario General del PP. A saber, que todo lo que ahora expresa, lo llevaron a cabo durante las recientes legislaturas, de la cual salieron a través de una moción de censura. Correctamente acorde con la Constitución de la que se dicen tan devotos. ¡Quién lo iba a decir cuando aún eran Alianza Popular! A lo que contribuye un cambio de siglas, a provocar un cierto grado de amnesia.
Otros que han salido por peteneras, a pesar de haber votado a favor de dicha exhumación en su momento, son los miembros de Cs. Lo que en aquella ocasión resultó ser un voto afirmativo, en esta ocasión se vuelve un voto contrario a la referida acción. ¿Qué ha podido haber influido para ese cambio tan evidente? Me temo, el tiempo da y quita razones, que nada. Simplemente, una vez más, van quedando en evidencia con esa política errática de la que hacen gala. Nada, salvo el documento firmado por militares defensores de la dictadura de Franco, ha sucedido. Quizá, nadie nos afirma cosa contraria, sean los votos que puedan ir a otras formaciones, más allá de la derecha, donde ahora parece quieren llegar. Si no, estuvieron siempre en ese espacio, aunque lo fuese de manera bien oculta, disimulando sus verdaderas intenciones.
Sea cual sea el resultado, algo nos debe quedar meridianamente claro: llega la exhumación con un notable retraso, tanto como ha ido caminando la democracia y, si no quisiésemos ser tan exigentes, tantos como entró en vigor la Ley de la Memoria Histórica, la que parece ahora han tenido que modificar a través del Decreto Legislativo para sacar, de donde nunca debió haber estado, quien puso en riesgo el Estado, legítima y legalmente constituido, mediante un golpe de Estado y su posterior dictadura, treinta y nueve años hasta que un buen día, en la cama, acabaron los días del dictador.





























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