Cambios de criterio
Lo que viene sucediendo con la inmigración, independientemente de lo que acaece durante el lastimoso periplo de las personas que se ven obligadas a abandonar su lugar de nacimiento o residencia, vuelve a demostrar lo peor de las personas. Da igual a qué hecho miremos, de qué situación nos informemos, para toparnos en casi todos los casos con lo mismo. La utilización espuria que se hace de dicho fenómeno. Ya sea de uno de los lados ya del otro, los acontecimientos y las actuaciones, acaban revolviendo el estómago de quienes se precien de poseer tres de dedos de frente, quizá de los que carezcan quienes de aquel modo proceden.
Que la bienvenida dada al Aquarius, a quienes en el venían, iba a ser algo momentáneo, excepcional y fugaz, no debe producir sorpresa alguna. Suele ser el modo de actuar, sobre todo de quienes acostumbran a encandilar con gestos y frases altisonantes que, a la hora de la verdad, quedan en agua de borrajas. Esa hora de la verdad corresponde, ni más ni menos, a las acciones que se ventilen tras el momento inicial. Cuando la espuma de la ola del acontecimiento se desmorona, y la realidad comienza a campar por sus fueros, sin que medie interés por contentar, o no, a quienes en un primer momento desarrollaron un enorme y decidido aplauso. Incluso de quienes, a pesar de la emoción del momento, eran conscientes de lo vacuo de la situación.
Para las concertinas (vaya un nombre le fueron a dar) de las vallas, dicen que hay en estudio un informe. Dicho informe –alegan– tiene como objeto dilucidar la situación en que quedaría la frontera, tras la retirada de los mortales artificios. Quizá, con tal prevención, se tema una situación de desamparo frente a la inmigración. Nos advertía, quien tiene la responsabilidad del ministerio afecto a tal decisión, que no se trata solo de la frontera española, también somos frontera europea. Pues mira que bien. Sucede igual, atendiendo al mismo argumento, con las devoluciones en caliente. Mientras que durante la época en la oposición fue algo denunciable, ahora se adhieren a los argumentos de quienes fueron desalojados de La Moncloa por la moción de censura. Me refiero a las tristemente famosas devoluciones en caliente. Olvidan, incluso, que tales devoluciones forman parte de una ley contra la que presentaron recurso de inconstitucionalidad en el TC.
Todo, como vemos, forma parte de la política relacionada con la migración. Esa, que con motivo de la llegada del Aquarius, nos dijeron iba a comenzar a ser una realidad, pues según expresaron, llegaba con ellos. Nada más lejos de la realidad. No es algo novedoso, siempre fue así, sus grandes promesas cuando son oposición, se diluyen como azúcar en vaso de leche en cuanto alcanzan La Moncloa. Es, de existir tal, el síndrome de La Moncloa. Se inicia un retroceso en lo que durante su etapa en la oposición era la bandera, ondeándola sin descanso para –quizá sea eso– agotar su petición desde el momento en que llegan al poder. Hay un cúmulo tan amplio, que bastaría con ir enumerándolas todas y cada una para completar un notable número de páginas. Seguro, no lo dudo, tengan un argumento ad hoc para no retirar la utilidad pública a la asociación de Hazte oír.
En síntesis, que no se trata, como se escuchó en relación con el asunto de la migración, del efecto Casado. En absoluto. Se limitan a hacer lo de siempre, reivindicar cuestiones que, una vez en el poder, las olvidan sin más. Ya tendrán ocasión de nuevo, una vez perdido el poder, de iniciar un nuevo cúmulo de promesas. No hay más. Tampoco se trata, pues para ello hubo de haber existido antes, de un cambio de criterio.





























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