Mejor callado
Si pensábamos que no nos iba a llegar, estábamos totalmente equivocados. Es cierto, no es algo que surja del vacío –aunque de esa guisa suelan andar determinados cerebros–, sino que ya estaba respirándose en la atmósfera más inmediata. También, para no variar, porque se confunde la realidad con la ficción. Dicho de otro modo, el mensaje carente de fundamento por no utilizar los datos adecuados, con el estado de las cosas y la evidencia de las cifras. Eso, y también, el ámbito desde el que se observe la situación. En otras palabras, no es el mismo cuando se observa como un problema que supone un inminente peligro –sobre todo para nuestras acendradas y puras costumbres–, que si se hace desde la óptica de la oportunidad. Si se mira desde una u otra manera, es seguro que lo observado diferirá enormemente. Se podrá comprender lo uno y su contrario.
Todo esto viene a cuento por las declaraciones del recién nombrado presidente del Partido Popular, el señor Casado. Vino a decir lo que sigue: "No es posible que haya papeles para todos, ni es sostenible un estado de bienestar que pueda absorber a los millones de africanos que quieren venir a Europa y tenemos que decirlo, aunque sea políticamente incorrecto. Seamos sinceros y responsables con esta cuestión". Ni lo uno ni lo otro. Bueno, de lo primero no estoy tan seguro, de lo segundo a todas luces. No puede ser responsable alguien que ande voceando por ahí tales expresiones, salvo que busque unirse a las voces de quienes en el continente al puesto en el candelero la xenofobia y el fascismo, como un modo cómodo de ganar adeptos y, con ello, incrementar el número de votos y las expectativas de gobierno.
Cuando se va con este tipo de discursos, se corren riesgos. Quienes lo propagan, habrán de asumir la responsabilidad de los mismos. Eso, o no continuar con este tipo de alegatos, carentes de fundamento, que solo persiguen arrastrar el ascua a su sardina. En este caso, pescar en caladeros propios y ajenos. Me refiero a los votos de ese electorado, carente de formación y capacidad de análisis (acríticos sin más), deseosos de seguir cualquier consigna, para reiterarla al no contar con un discurso propio. La larga mano de la ignorancia, se mueve con seguridad por este tipo de entornos, apresando con fuerza la voluntad de quienes adolecen de ella. Seguramente, quien esto lea, habrá podido comprobar con horror cómo se prodigan situaciones lamentables. Me refiero, sí, a la situación que protagonizó en el metro de Madrid una señora empeñada en impedir el asiento a una niña que, según su leal saber y entender, no era ciudadana de España, por lo que no gozaba de los derechos y deberes del resto de quienes sí. Eso sí, con el único fundamento del color de su piel.
Nada más lejos de la realidad las cifras que ha ido desgranando, sin un ápice de rigor. Ni tales millones de personas aguardan, ni se ha incrementado el número de quienes optan por la inmigración con la llegada de los socialistas a La Moncloa, ni se ha suscitado efecto llamada alguno, más allá de situaciones que forman parte de las consecuencias de otros acontecimientos. Las dificultades encontradas en las rutas del Mediterráneo, la que comunica Libia con Italia, propicia cambios en los itinerarios, que nada tienen que ver con la respuesta humanitaria en el caso del Aquarius. Claro que, siempre es más fácil y socorrida la simplificación, una herramienta propia de la simpleza.
Como de cifras se trata, y cuando las mismas saltan al discurso lo hacen sin pudor alguno, también sucede lo propio con las relativas a las exigencias de una mayor presencia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado en la frontera. Si en esta ocasión se precisa de un mayor contingente, no es porque el recién llegado gobierno haya promovido una reducción de efectivos. Antes al contrario. Aquí cabría utilizar el mantra de los populares (¡qué cosa!) cuando ganaron los comicios al final del 2011. Me refiero a la reducción de casi 2000 efectivos en las fronteras sur a partir de la llegada de los populares al gobierno. Con una mayor aproximación, la cifra se concreta en 1790 personas.
Con situaciones de tal naturaleza, arrecia la majadería, que alcanza cotas insostenibles. No es la migración lo que hace tambalear el estado de bienestar, o lo que del mismo han dejado, sino el sumidero de la corrupción, señor Casado. Por eso, mejor callado.






























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