Nunca imaginé que la sombra fuera azulada.
Sí, sí, ya sé que se debe al color de la fachada. Sin embargo, no me negarán ustedes que la tonalidad adquirida, y que durará solo unos minutos en la luminosa mañana lagunera, es muy sugerente. Podríamos hablar de “delicada sombra”, “suave oscuridad que saluda”, “umbría fachada que se despereza en la mañana azul”...
Sin embargo, las palabras, aún dormidas, no quieren levantarse.
Casi es mejor que ustedes, inteligentes lectores, y al hilo de la imagen presentada, completen el comentario. Solo hay que detenerse, mirar e imaginar.
Que no es poco. Suerte.






























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