...y cielo azul: la sinfonía perfecta. Equilibrio y vejez se funden en la imagen. La casa y su viejo mirador-buhardilla lucen las ventanas cerradas y, posiblemente, atascadas por no cumplir su función: en los últimos tiempos se han ido concentrando en ella dos compañeros permanentes: el drago, que le habla desde lo más cercano, y la palmera, que dibuja en el horizonte la vida que no se ve.
A pesar de la luminosidad del día, la casa no termina de expandirse en la vecindad cercana. Hace tiempo que pasa desapercibida, pero, de vez en cuando, se nos hace presente para indicarnos, en su modestia, que el tiempo es una entelequia y, como escribió Garcilaso, “no hará mudanza en su costumbre”.






























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