Las sombras de otoño llegarán para aliviar el calor del verano en las fachadas del pueblo. Allí recalarán un tiempo con el fin de refrescar puertas y ventanas y recordarles a sus moradores que las estaciones siguen su curso. Pero el trajín diario sirve para no ver siquiera las fachadas de nuestras propias viviendas. De vez en cuando el mirar hacia atrás no conlleva el triunfo de la nostalgia ni la inmovilidad mental.
A veces, las miradas nos devuelven las bellezas arquitectónicas de los lugares que habitamos. Y del conjunto todo.






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.220