Ayer pudimos leer en la prensa cómo en Canarias, las matriculaciones en la enseñanza pública caen mientras que en la privada y concertada suben. Ello no es más que el producto final de una consejería de Educación dedicada a cuidar su imagen y la de su consejera, que por cierto, al día siguiente de su nombramiento, reconocía en una entrevista en prensa, que le hubiese gustado más otra consejería. De esas voluntades y del esfuerzo omnímodo de Coalición Canaria de cuidar solamente los pozos de votos que tiene en las islas occidentales y favorecer sus apariciones en el papel couché, ponen de manifiesto a unos responsables que muestran su total y absoluta incompetencia, perjudicando un sector estratégico para nuestros hijos e hijas, en un futuro incierto para la educación pública en Canarias. Ya está bien de aguantar políticas deficientes orientadas al lustre, la pompa y el boato, de unos dirigentes políticos educativos que están demostrando que poco o nada saben de dónde les cae la mano derecha o la izquierda.




























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