Las nueve palmeras de esta parte de la villa se declaran urbanas y empadronadas están en el ayuntamiento viejo. Integradas en el conjunto, forman parte de las alegrías y de las tristezas de sus habitantes, que, metidos en sus asuntos, ya ni siquiera se percatan de su elevada presencia.
Sin embargo, no hay en ellas nada de tristeza. Saben que ese es su destino: unas veces son observadas y otras muchas ignoradas; aparentemente. Si una virtud tienen estas palmeras urbanas es su enorme paciencia. Siempre hay alguien que las mira de cerca o de lejos. Así que, sabedoras de su destino, contribuyen a realzar aún más la villa donde conviven. Y caminan juntas.






























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