Cuando el “...y tú más” se convierte en tragedia

Opinion

juanantoniosanchez2014buenaAlgo tan trascendental para analizar en profundidad son las versiones políticas realizadas en claro sentido de crítica oportunista utilizando los Derechos Humanos como propaganda electoral. Nos hemos acostumbrado al “...y tú más” cuando se trata de alusiones manifestadas con la sola intención de desmerecer lo que el otro hace, hizo o intenta sea diferente, añadiéndole en contraposición a lo que en su día los que ahora desmerecen, utilizaron en su propio bien partidista y propagandísticamente programado.

Hay derechos incuestionables que no necesitan de demasiados argumentos para tratar de proteger en pos del bien común de las sociedades que conforman un mundo inconstante en sus procederes, infravalorado en sectores de alto poder económico o del que se desmarcan los que intentan que otros solucionen por sí mismos.

La lucha de poderes se nos instaura en la estructura de las bases sociales minando los valores humanos más significativos como son el auxilio de quién lo necesita por la debilidad de su situación. Lejos de asumir una iniciativa común, los diferentes partidos políticos representativos de nuestra sociedad se muestran escépticos a resumir en un acuerdo tácito la no utilización del sufrimiento del ser humano en pos de sus resultados electorales.

Deberíamos mirarnos con conciencia de hecho el grado de des virtualización de la sociedad en el preciso instante en el que no se percibe un mensaje único para acabar con el problema de la migración no solo en España, sino en el resto del continente europeo y por ende, en cualquier lugar de este maltratado Planeta. Con un simple vistazo a la situación por la que atraviesan aquellas y aquellos a los que la vida es un bien inasumible en sus lugares de origen, los países con cierto poder global tienen la obligación moral, ética, política y humana de apaciguar el origen de semejante horror, dialogando con los mandatarios de estos lugares en los que la supremacía del más fuerte equivale a la desaparición del débil, sobreviviendo entre socavones de morteros, aluviones de metralla y hambruna insostenible.

No se trata de manejar los hilos de una confabulación para soterrar el problema con argumentos banales, se impone el sentido común de atacar el problema desde la raíz del punto de salida de seres humanos capaces de dejar por el camino a hijos, mujeres o amigos en las aguas de un mar hambriento de cuerpos exhaustos y dispuesto a tragarse entre sus aguas a toda aquella esperanza de vida que se le ponga en sus mareas y sumerja en sus tormentas.

Nada es fácil pero, si no se intenta al menos, la situación será cada vez más preocupante de lo que ahora es; se malogran posibles pactos o acuerdos de paz por intereses oscuros escudados en creencias religiosas, costumbres contradictorias o regímenes dictatoriales.


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