La línea de sombra refleja las tejas de la casa de enfrente. Cada mañana de octubre se proyecta en la fachada de la casa vecina, como para saludar. Y lo hace con la tranquilidad del tiempo y de las buenas maneras: sin prisas, sin agobios; no hay por qué molestar. Si las ventanas están abiertas, entonces podrá profundizar en el saludo, pero solo será un instante: todo depende del sol y de su recorrido diario. Ahora se encuentra en la Calle del Agua, donde en la noche, la farola de la esquina seguirá empujando otras sombras artificiales. Es lo que tiene la vecindad.






























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