Qué sigue ahora

Opinion

leonilojulio2017El viernes, 1 de junio de 2018, pasará sin duda a los anales de la historia. Sí, eso que suelen tildar de día histórico. Por primera vez, en una casi cuarentañera democracia, prospera una moción de censura. Y lo hace, nada desvelo, con un número superior de votos a los necesarios. A pesar de los intentos, frustrados por el resultado, de amedrentar a diestro y siniestro, se logró el objetivo. Este no era otro que censurar a un gobierno presidido por un señor al que una sentencia otorga escasa credibilidad en su testimonio. Eso, y la constatación que entre los hechos probados figura la existencia de lo que Bárcenas vino a denominar, en un alarde de osadía: “contabilidad extracontable”; vamos, la caja B.

Alcanzado el objetivo, la siguiente cuestión pasa por lo que deparará el futuro al nuevo gobierno; el surgido de la investidura como presidente de Pedro Sánchez. A nadie se le esconde – no descubro el Mediterráneo – los escasos apoyos con los que cuenta y que, cualquier incremento en los mismos, pasa por intensas negociaciones. Ahí quizá esté el meollo del asunto, en las negociaciones que habrá de emprender a partir de ahora con el resto de las fuerzas parlamentarias. Diría, incluso, que hasta con las que votaron en contra, sin olvidar aquellas que se abstuvieron, o tendría que ser menos pretencioso y escribir: aquella que se abstuvo. Mejor así, no cabe duda.

Seguramente, como en cualquier travesía que se inicie, contarán con que algunas cuestiones ya están adelantadas. Me refiero, sin duda, a los consensos logrados en determinadas materias, que no prosperaron por el empeño de quienes ostentaban el poder en esos momentos y por su capacidad de veto. Esos acuerdos previos serán un eficaz acicate para, a partir de tales actuaciones, continuar con la inercia de alcanzar acuerdos para poder culminar con éxito la legislatura. Y lo que es mejor, devolver a la ciudadanía todos y cada uno de los derechos que fueron decayendo durante la hegemonía de los populares en la presidencia.

No es menos cierto, a tenor de los mensajes que comienzan a enviar quienes nunca han sabido perder, que habrán de superar muchos escollos para mantenerse con firmeza en la senda. Eso, y continuar avanzando en logros, que sin duda podrán ver recompensados en futuras concurrencias electorales. No solo, también devolver la confianza a la política, bastante escasa parece. Cualquier mejora en ese sentido, supondrá un notable plus de participación, para que de nuevo las instituciones se ganen el respeto perdido. No por el capricho de quienes tendrían que hacerlo, sino por las actuaciones de quienes confunden su estancia en ellas, con la gestión de un cortijo.

Qué sigue ahora, si no es esa necesidad imperante de devolver – esta vez no de boquillas – todo aquello que se ha ido perdiendo y, lo más importante, la dignidad a quienes, por mor de las políticas de la restricción y la mordaza, se fueron quedando sin ella.


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