El parque de San Juan, en este recién estrenado junio, mes de las fiestas patronales, no solo nos anuncia la llegada del verano sino que, además, se convierte en parte importante de las fiestas aruquenses.
Pero a mí el parque que me gusta es el del resto del año. El bullicio y la algarabía de los viernes por la tarde me desplaza a los años de la infancia. Es curioso contemplar cómo los niños de ahora, igual que los de entonces, ante un espacio enorme, con sus miradas infantiles, lo recorren de arriba abajo y no dejan ni una esquina sin pisar. Es lo que tiene el juego infantil: dale a los niños espacios libres y ellos se convertirán en sus dueños.
Por eso el parque de San Juan renace continuamente con cada nueva generación. Como debe ser.






























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