“El regreso fue más rápido de lo que creía. Ni tiempo de reaccionar tuve. Según bajé del avión, las autoridades me agasajaron y una niña vestida de típica me recibió con un ramo de flores. Yo, que había sido actriz famosa en un tiempo ya perdido, nunca imaginé aquel recibimiento. Ya sabía que el régimen me utilizaría para su conveniencia. Pero también es verdad que mis fuerzas se habían instalado solo en mi interior. Los demás interpretaban mis silencios. Y ya no estaba para muchos trotes: a mis ochenta y cinco primaveras solo aspiraba a percibir el olor de la infancia, la música de mi juventud y la madurez de mis hijos. Y la memoria de mis padres, a los que tan mal traté cuando la vanidad y los halagos rigieron mi vida. Y hoy lamento las palabras que nunca dije.”






























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