Pedir perdón
Parece que se ha puesto de moda pedir perdón. Los penúltimos en hacerlo han sido los restos de la banda terrorista ETA, pero lo han expresado con la boca chica, a media lengua. Aún no se han percatado de que ya la vez se les pasó, y no va a volver, y que la sociedad a la que dicen defender es otra totalmente diferente. Y también porque se han hecho mayores, y la vida se les ha escapado en la huida constante.
Ahora piden perdón después de innumerables muertos y atentados. Bueno, eso está bien si realmente hubiera un pizco de sinceridad y arrepentimiento en sus huecas y retóricas palabras, medidas con precisión sintáctica y gramatical de 9 milímetros parabellum. Y así, dejémonos de tonterías, las palabras pierden su verdadero valor: decir a medias es pensar a medias y sembrar dudas permanentemente, como para justificarse.
Recuerdo que cada vez que había un atentado, temblábamos ante un posible levantamiento militar. Así que, además del dolor provocado en los familiares de las víctimas, terrible dolor, por cierto, el resto del país también temblaba ante un posible golpe de estado para volver al pasado, donde algunos, contra Franco, daban sentido a sus vidas.
Por eso, y por tantas otras cosas, no les creo. Nada de nada. Que se queden en el olvido. Y rumiando su soledad y su derrota.
Han desperdiciado su vida los terroristas, pero aún no se han dado cuenta: el olor de la pólvora no les deja ver el dolor que han sembrado. Ni el bosque, por supuesto.






























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