No es el mercado
Cuando ya las noticias comienzan a no serlo, porque la reiteración de las actuaciones provoca hartazgo, siempre quedará un momento para la reflexión. Ir desbrozando todo lo leído y escuchado, de ese modo obtener una idea clara de los acontecimientos. La velocidad de lo acontecido impide abundar en la reflexión. Habrá que hacer el esfuerzo, para evitar caer en la depravación de la aceptación de los hechos como algo normal.
La semana ha venido cargada, para desdoro de algún partido político, por todo relacionado con el mismo. Si primero fue lo de la detención de quien ostentase tantos cargos en dicha organización política: alcalde, presidente de comunidad autónoma, ministro, portavoz parlamentario. Hago hincapié en ello, para dejar clara una relación que será negada (a pétreo modo), en cuanto tengan oportunidad. Los hechos que motivan la detención, con las salvaguardas del presunto, relacionados todos con actividades de carácter público. Comportamientos cercanos a otras épocas, cuando las actuaciones no estaban regladas, quedando expuestas al arbitrio del gerifalte de turno. En plena democracia donde se supone la existencia de procedimientos objetivos, cuando en las transacciones rigen las normas del libre mercado, nos enteramos (algo sospechábamos), que algunas personas jugaban con las cartas marcadas o, si de una actividad deportiva se tratase, dopados.
Cuando nos cuentan cómo se debe desenvolver el mercado, siempre enfatizan en la libre concurrencia, sin que se puedan ejercer predominios en tales transacciones. De hecho, para garantizar tal competencia, se crea la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, una agencia estatal responsable de velar por ello. Así, según figura en su página, tiene como objetivo principal: “garantizar, preservar y promover el correcto funcionamiento, la transparencia y la existencia de una competencia efectiva en todos los mercados y sectores productivos, en beneficio de los consumidores y usuarios”
Esa es la parte teórica. Después está la práctica. En este caso la práctica se va demostrando menos escrupulosa. Aprovechan privilegiadas posiciones para imponer actividades que les beneficien. A ellos y a sus amistades. Organizan, tal y como figura en la recientemente publicada sentencia de una de las piezas de la Gurtel, un tinglado para beneficiarse de todas las actividades relacionadas con el sector público. Quienes se dicen defensores del sistema, utilizan como mecanismo para el ataque del contrario la ruptura de tal sistema, actúan en consonancia con lo que ellos denuncian. Un furibundo acto de hipocresía, les es característica, nada que resulte novedoso
Con ello alcanzan diversos logros. Por un lado, la financiación irregular del partido, que en campañas electorales les permite manejar más presupuesto. Aventajando así a los partidos contrarios, sin que aparentemente nadie sea capaz de captar tal situación irregular. Por otro, por aquello de “quien anda con miel se unta”, se van haciendo una pellita de dinero – por aquello de asegurarse el porvenir –, situación que por la impunidad les va generando una cierta adicción. Ya saben, uno de ellos se definió como yonqui del dinero. En resumidas cuentas, que cuando alegan defender el actual sistema económico, quienes actúan en su contra son ellos, pues tal y como se desenvuelven, quizá les digan desde la CNMC: eso no es el mercado, amigo.





























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