“Me acerqué a la orilla buscando las naranjas del poeta. Miré, escudriñé y en la quietud de la piscina natural, que invitaba a traspasar la frontera, logré interpretar sus palabras. Así que aquel balde improvisado que llevaba regresó vacío, pero mi mente, azotada por el mar Tirreno, descubrió que lo que buscando estaba lo tenía ya desde hacía mucho tiempo. Claro que eso no lo descubrí en el momento. Ahora, mirando fotos viejas en la caja de lunares blancos sobre fondo rojo, me he percatado de que la vida conmigo ha sido generosa. Quizás a ustedes les pase lo mismo. Ojalá.”






























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