"El interés general"
Los que formamos parte de la expresión “el interés general”, vivimos agazapados bajo ese epígrafe ante los ojos de quienes nos gobiernan. Estos dictan leyes, recortes y demás zarandajas porque siempre dicen pensar en “el interés general”, a pesar de su permanente y provocativa miopía. Y así sellan sus intervenciones parlamentarias o en las escasas ruedas de prensa que conceden. ¡Qué manía la de preguntar!
Para los políticos corruptos, nosotros, los del “interés general”, solo disponemos de dos satisfacciones, sabedores de que nunca pisarán la cárcel ni devolverán lo defraudado: la primera: su pena será eminentemente mediática: purgarán su sentencia en los medios y en boca de todos; luego sobrevendrá la segunda: el olvido, cuando no el ostracismo, y tendrán que acostumbrarse a una vida anónima, donde pasarán a formar parte ellos mismos del “interés general”.
Mi abuela decía y repetía, desde su pobreza anónima, con monótona insistencia aquello de que “Dios nos libre de la Justicia”. Y ello viene a cuento porque la Justicia reinterpretará y valorará de otra forma: “lo que sucedió no fue del todo así”. Le sucederán los recursos y los recursos a los recursos y todo se irá diluyendo y se sustanciará, en su día, después de años, en apenas un sencillo “tirón de orejas”.
Por eso, el enorme ejército encuadrado en el epígrafe que da título a este artículo, se conforma con poco: presencia masiva en los medios y, luego, el olvido. Esa será la única condena de los políticos corruptos y mentirosos.
Un nuevo esperpento en el Callejón del Gato.






























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