"El derecho de vivir en paz..." Víctor Jara
Las casitas del cerro alto ni son rosadas, ni verdecitas. Los niños que allí habitan son querubines de piel color tierra que viven bajo planchas de zinc; eso algunos, otros han emigrado al centro de la ciudad por diferentes motivos. Allí desaparecen los convertidos a las calles. En aquella casita del cerro alto, en aquella casita de ladrillos con techo de plata y barrotes en ventanas, crecen dos pequeños sueños; dos pequeñas esperanzas a pesar del ruido de las sirenas y de las balas. Una sinfonía de casquillos resuenan a menudo, como campanillas, en aquel cerrito alto de casitas adosadas, patios de tierra, niños en la calle, madres preocupadas. Personas laboriosas también gente ociosa. Campanillas de libertad para quien tiene un arma.
Y aquellos sueños crecen, recluídos, entre rejas; En Villa Miseria.
Y cuando esos dos sueñitos miran las noticias de la tele se dan cuenta de que viven en el paraíso porque tan solo han de tener en cuenta los toques de queda que les impone su mamá amorosa y preocupada. Solo han de tener en cuenta que al oir un tiroteo en la calle deben protegerse y sobre todo, no salir fuera. Y es que viven en el paraíso porque se dan cuenta de que los niños de aquel mundo lejano estan expuestos a granadas y bombas y no a simple balacera.
Y aquellos sueños crecen, recluídos, entre barrotes; En Villa Miseria.
Y cuando estos dos sueñitos conocen algunas de las preocupaciones del viejo mundo, se preguntan si ellos en otra vida podrían ser también perros, porque ven que a ellos se les cuida y se les mima para no ser molestados con el ruido de los cohetes. Ven que aquella maravillosa gente se indigna porque molestan a las criaturitas del Señor.
Y aquellos sueños crecen recluidos detrás de la cancela de su ventana; En Villa Miseria.
Y un día, esos sueñitos dejan de crecer; quedan encogidos entre las cuatro paredes de su casa de ladrillo y su pequeño mundo en Villa Miseria porque no hay más huequito, sino el de la esperanza; esa que da la de por lo menos llegar a casa vivo al final de la jornada y la de, quizá, en otra vida vivir al menos como perro en el viejo mundo.
Foto de Pedro Vera Montilla
Música que acompaña al texto: Casas de cartón- Alí Primera































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.53