“Ahí, donde las puertas azules, la tienda estuvo abierta casi cincuenta años. Ahí, donde las cuatro puertas, mi vida transcurrió en ella con tranquilidad y milimétricamente medida, hasta que el tiempo se la llevó por delante.
Cuando las costumbres empezaron a cambiar, las tertulias allí vividas, en lo que era una especie de bar y picoteo, se fueron desgajando: los parroquianos venían cada vez menos y las juergas de entonces, con Chanito, el del acordeón, al frente, comenzaron a habitar los recuerdos. Para cuando llegó la nostalgia, hacía años que ya estaba retirado y la tienda pasó a ser un almacén de sanitarios. Ahí, como la ven, cerrada a cal y canto, un día fue barullo y centro de reunión del pueblo.
Ahí, donde las puertas azules, una vez se instaló la vida.”






























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