El mes pasado se conmemoró el 79 aniversario de la muerte de Antonio Machado: murió un 22 de febrero, miércoles de ceniza, a las tres y media de la tarde. Y hace algunos meses, unos ignorantes, que dicen gobernar una ciudad, acusaron al poeta de anticatalanista y que la plaza dedicada en esa localidad catalana desaparecería, aunque lo desmintieran poco después.
Contra los ignorantes y los estúpidos no podemos hacer nada, ni siquiera “soñar caminos de la tarde”. Otrosí, acusaron a Goya, y a Quevedo, y a Calderón también de “franquistas”; lo que viene a corroborar que la imbecilidad y la estulticia han llegado para quedarse. Algunos creen que la historia comienza cuando se nace y que lo que les precede no tienen sentido. Otros llegan a considerar que la cultura ha surgido y renacido con ellos y solo ellos, y todo los que les suena a “anterior” no sirve para nada.
Ya lo dijimos antes: los imbéciles y los estúpidos no tienen remedio: la enfermedad que sufren es para toda la vida. Y como tampoco leen, “para qué si alguien me lo cuenta”, la ignorancia también ha hecho mella en sus cabezas jibarizadas.
No sé si me explico.































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