Mi padre y el “Diario de Las Palmas”
Tenía la costumbre mi padre de comprar todos los días el vespertino “Diario de Las Palmas”, que leía, a ratos, en los momentos flojos en la Dulcería de sus amores. Así que nosotros, sus hijos, nos acostumbramos desde pequeños a leer la prensa. Claro que en aquellos tiempos los periódicos se vendían muchísimo y era el canal de comunicación por excelencia. Ahora todo es distinto. Quizás por ese recurso de mi padre, sus hijos somos muy muy lectores, y hasta nos atrevemos a hilvanar, en ocasiones, las palabras con el fin de atrapar sentimientos, emociones y recuerdos.
Ya ven: los gestos cotidianos se convierten con el paso del tiempo en únicos y personales. Y tengo para mí que, en determinadas circunstancias, la magia los devuelve a nuestra memoria, como elemento recurrente.
Hoy en día accedemos a las noticias desde diversos lugares, sobre todo, virtuales; sin embargo, los fines de semana la prensa en papel reaparece en mi casa y hojeamos y hojeamos las páginas que no logramos alcanzar en los medios digitales. Y la batería no se agota ni hay que poner ninguna contraseña: abres el periódico y las letras se convierten en noticias, análisis, comentarios... aunque ahora ya no veamos las viñetas de Forges.
Soy lector gracias a mi padre. Porque lo veía leyendo su querido “Diario de Las Palmas”. Casi nada.




























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