“Cuando las redes se incendiaron, los pescadores recurrieron a las nasas. Y enterraban sus ojos en el mar Atlántico ansiando la cosecha marina y poder lograr el alivio de sus familias. Cuando las redes se incendiaron, internet se esfumó en un misterio algorítmico que no se pudo encontrar. Miraban atentos en los enormes buscadores ansiando la cosecha tecnológica y el bienestar de sus allegados. Cuando las redes se incendiaron, los humanos comenzaron a elevar sus ojos, tanto tiempo enterrados en las pantallas, y descubrieron un mundo de guardianes pétreos que llevaban allí más de un siglo y a los que nunca habían visto. .
Cuando las redes se rompieron, los humanos comenzaron a convivir de nuevo y las plazas adquirieron su valor original como punto de encuentro y de apoyo para continuar en el camino. Los parques volvieron a lucir sus mejores galas y sus bancos volvieron a ser visitados por la charla tranquila y serena. Al fondo, los chiquillos no paraban de jugar.
Y en el verano regresaron los vencejos alrededor de la iglesia.”































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